Cada 26 de enero se conmemora el Día de la Educación Ambiental, una fecha que invita a reflexionar sobre el vínculo entre sociedad, naturaleza y educación, y sobre el papel central que cumple la escuela en la construcción de una conciencia crítica frente a la crisis socioambiental de nuestro tiempo. Esta fecha se inscribe en una historia de acuerdos y debates internacionales que, desde la Declaración de Estocolmo (1972) y la Carta de Belgrado (1975), reconocen que sin educación no hay posibilidad de transformación ambiental, social ni democrática.
Desde la encíclica Laudato Si’, el Papa Francisco plantea a la educación ambiental como un proceso integral que busca transformar la relación de las personas con la naturaleza, con los otros y consigo mismas, superando una visión meramente informativa o técnica. Propone una educación que fomente el pensamiento crítico frente al modelo de consumo y desarrollo dominante, promueva valores de cuidado, solidaridad y responsabilidad intergeneracional, que ayude a construir nuevos hábitos y estilos de vida sostenibles. En este sentido, la educación ambiental no se limita a aprender sobre el ambiente, sino que invita a una conversión cultural profunda que permita habitar la “casa común” de manera más justa, consciente y respetuosa.
En la Argentina, este enfoque se consolida con la Ley N. º 27.621 de Educación Ambiental Integral, que la reconoce como un derecho, un proceso permanente, transversal y situado, orientado a comprender las problemáticas ambientales en su complejidad histórica, social, económica, cultural y política. No se trata de una educación reducida a hábitos individuales ni a gestos aislados de cuidado, sino de una propuesta pedagógica que promueve el pensamiento crítico y la participación activa en la defensa de la vida y de los bienes comunes.
Desde Sadop sostenemos que la educación ambiental es necesaria y urgente porque las crisis ecológicas actuales —climática, hídrica, alimentaria y sanitaria— no son hechos naturales ni inevitables. Son el resultado de un modelo económico capitalista, extractivista y concentrador, que prioriza la rentabilidad por sobre el cuidado de los territorios, de las comunidades y de las personas. La degradación ambiental, la contaminación y el agotamiento de los recursos no son errores del sistema: son consecuencia de una lógica que mercantiliza la naturaleza y transforma la vida en objeto de explotación. Por eso, educar ambientalmente implica formar personas capaces de comprender las causas estructurales de los problemas ambientales, y no solo sus efectos.
Otros aportes
Frente a discursos que responsabilizan al comportamiento individual o que justifican la privatización de los bienes comunes, la educación ambiental permite visibilizar un sistema que debilita lo colectivo, desmantela lo público y rompe los lazos comunitarios en nombre del lucro.
Una mirada crítica y profunda es la que suma al diálogo común el aporte desde la cuestión de género, que señala cómo la explotación de la naturaleza se articula con otras formas de dominación, especialmente sobre los cuerpos de las mujeres y las tareas de cuidado. La lógica que arrasa territorios es la misma que precariza el trabajo, invisibiliza los cuidados y reproduce desigualdades de género. En nuestro país, además, los conflictos socioambientales, como la degradación de humedales, el avance del extractivismo o la contaminación de territorios urbanos y rurales, afectan con mayor fuerza a los sectores populares, a las comunidades más vulneradas y a quienes habitan territorios históricamente postergados.
Por eso, desde esta perspectiva la educación ambiental es también una herramienta de justicia social, de construcción de ciudadanía y de defensa de la soberanía ambiental, colocando como eje el sostenimiento de la vida.
Un futuro atado al cuidado de la vida
En este sentido, resulta imprescindible incorporar el enfoque de gobernanza ambiental, entendido como la construcción colectiva de decisiones, políticas y prácticas orientadas al cuidado del ambiente, con un rol activo del Estado y la participación de la comunidad educativa, las organizaciones sociales y los distintos actores territoriales. La gobernanza ambiental supone fortalecer marcos normativos, garantizar la transparencia y promover la participación democrática como condiciones necesarias para enfrentar los desafíos socioambientales actuales.
Desde este enfoque, la educación ambiental se vuelve estratégica para formar ciudadanas y ciudadanos críticos, capaces de involucrarse en la gestión del ambiente, exigir políticas públicas sostenidas para modelos de desarrollo justos, inclusivos y ambientalmente responsables.
Si el ambiente es un bien común que nos atraviesa a todos, es nuestra responsabilidad desarrollar las herramientas necesarias para protegerlo. Educar para el cuidado del ambiente es educar para la democracia, para la gobernanza ambiental, para la participación y para un futuro en el que el desarrollo no esté separado del cuidado de la vida. Por eso, nuestro compromiso es con una educación que cuestione, que forme conciencia colectiva y que contribuya a construir una sociedad más justa, igualitaria y sustentable.
Defender el ambiente es defender la vida, y educar es una forma imprescindible de hacerlo.
Encontrá más información en el Portal Educ.ar - Materiales varios - Documento marco del Programa de Educación Ambiental - Ambiente en la Colección Derechos Humanos, Género y ESI