Con el objetivo de promover la prevención de accidentes en los lugares de trabajo y las enfermedades profesionales, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) celebra el 28 de abril el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo. Para este año 2026, la OIT decide centrar la atención en la preocupación por el entorno psicosocial, haciendo un llamado al cuidado de los factores psicosociales de riesgo.
Hablar de entorno psicosocial es referirnos a la organización del trabajo en su conjunto, a como se diseña, se organiza y gestiona. Como trabajadores y trabajadoras, portadores de una historia singular, interactuamos con ella mediante reglas y normas, escritas y tácitas, que moldean nuestros intercambios, saberes y prácticas. Cuando los factores organizacionales y psicosociales son disfuncionales o provocan respuestas de inadaptación o tensión pueden afectar nuestra salud tanto física como mental.
Desde un pensar situado, en relación a la convocatoria de la OIT nos preguntamos qué reflexión hacer en el marco de reformas regresivas en legislación laboral y frente a una posible derogación de la Ley de Educación Nacional N°26.206 en nuestro país. La modificación de las normas laborales implica un debilitamiento de los principios fundamentales del derecho del trabajo, construidos históricamente para proteger a las trabajadoras y los trabajadores frente a la desigualdad estructural de la relación laboral. La reducción de las protecciones frente al despido, la flexibilización de las condiciones de trabajo, el debilitamiento de la negociación colectiva y la eliminación de instrumentos que desalientan la precarización laboral conjugan un escenario de mayor vulnerabilidad y sientan un precedente regresivo incompatible con los principios de justicia social. A su vez, trasladan los riesgos a las y los trabajadores debilitando las funciones de las organizaciones sindicales como herramientas legítimas de defensa colectiva de los derechos laborales.
En tanto, siguen con plena vigencia en nuestro país las leyes de Higiene y Seguridad Laboral N° 19.587/72 y de Riesgos del Trabajo N° 24.557/95, portadoras de una mirada higienista y disarmónicas con la realidad del mundo del trabajo actual, ya que consideran inevitable la pérdida de la salud al trabajar e instrumentalizan un sistema que solo se encarga de poner precio al daño y a la reparación; ignorando en sus cuerpos normativos toda mención sobre los riesgos psicosociales y el impacto del trabajo en la salud mental, desprotegiendo a las y los trabajadores de uno de los mayores riesgos presentes en nuestra época.
Al analizar la realidad de los entornos psicosociales en el trabajo debemos tener presente las desigualdades de género que contribuyen significativamente a la inequidad sanitaria en el ámbito de la salud y seguridad en el trabajo. En los lugares de trabajo se observa la desigualdad en las brechas salariales, el acceso a puestos de rango superior, en las posibilidades de obtener un trabajo formal (con cobertura social, aportes jubilatorios, seguro), entre otros. También se visibiliza en el tipo de tareas que realizan las mujeres y LGBTI+ respecto de las que optan hacer los varones. Allí también operan roles y estereotipos que encasillan a las mujeres y LGBTI+ en cierto tipo de labores, mientras que los puestos productivos son asignados a los varones.
Un factor de desigualdad que ha remarcado la OIT, es el hecho de que el conocimiento sobre los riesgos y las medidas preventivas se ha desarrollado principalmente en sectores masculinizados y presenta deficiencias con relación a las mujeres. La falta de perspectiva de género en las políticas públicas laborales perpetúan las desigualdades y afectan negativamente la salud y la seguridad de las personas trabajadoras.
Situar a la salud en sus tensiones y contradicciones con la organización del trabajo supone visibilizar los distintos factores psicosociales, muchos de ellos invisibles y silenciosos, que solo pueden ver la luz mediante la percepción de las y los trabajadores.
El trabajo nunca es neutro frente a la salud, según las condiciones en que se realiza el trabajo puede generar manifestaciones positivas o negativas. Celebramos la convocatoria de la OIT afirmando una vez más que no hay trabajo saludable sin plena participación de las y los trabajadores.